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El pueblo cordobés que se quedó sin palmeras y cuyos habitantes no saben de qué vivirán

Es un caserío escondido en el noroeste de las sierras chicas. Allí se vive del campo y del tejido de cestos, canastos, bandejas y ornamentos con hojas de palma caranday. Las llamas los afectaron seriamente.

Copacabana es un caserío escondido en el noroeste de las sierras chicas de Córdoba (a 137 kilómetros de la capital), un lugar de ensueño en el que sus habitantes viven casi exclusivamente del trabajo en el campo y las artesanías en el tejido de cestos, canastos, bandejas y ornamentos con hojas de palma caranday.

La “Trithrinax campestris” es una planta originaria de Paraguay y el centro y norte de Argentina. Tolera la sequía, las temperaturas bajas y altas y los suelos pedregosos. Pero, como casi todo lo que existe sobre la Tierra, no resiste al fuego.

En los incendios que este año quemaron más de 300 mil hectáreas de monte y pastizales  en Córdoba, la pequeña comunidad de unos 100 habitantes fue una de las que más sufrió. En agosto pasado, el 80 por ciento de las plantaciones de palmas fue consumido por un incendio que mantuvo en vilo a los vecinos de la zona durante 12 días. Doce días que no olvidarán nunca y en los que se quemó la materia prima con la que elaboran sus artesanías desde que se tiene memoria.

El desastre natural en Copacabana.. Fotos: gentileza Mario Tizón

El desastre natural en Copacabana.. Fotos: gentileza Mario Tizón

Mónica Correa (45) nació en este paraje rodeado de verde, sierras y campo. Teje desde siempre. Aprendió el oficio de sus padres, que se mudaron al pueblo cuando ella no había nacido. Cuando recuerda los días del fuego no puede evitar emocionarse. “No podía salir a ver cómo se quemaba todo lo nuestro y me quedé encerrada los 12 días, cocinando para los bomberos y la gente que colaboraba”, dice en el patio de su casa, mientras teje una pequeña canasta.

“Empecé a tejer para ayudar a mis padres cuando era una niña de 11 o 12 años. Lo primero que hice fue una panera y fui aprendiendo de mis hermanas mayores cuando vender nuestros productos era más difícil”, cuenta Mónica que asegura que, en los últimos años, las redes sociales facilitaron la venta de la producción sin tantos intermediarios.

Ella fabrica servilleteros, portalámparas, paneras e individuales de mesa y, en 2019, parte de su producción viajó a Alemania.

“Tejí para una chica que vive en Alemania y tiene casa en La Cumbre. Me hizo un pedido de 300 piezas para llevarse. Y entre varios miembros de mi familia tejimos una semana para completar esa producción”, cuenta, con orgullo.

Para Mónica, el incendio que se inició el 18 de agosto y quemó todo a su paso en la región hasta el 30 de ese mes, no tiene antecedentes que recuerde.

La Iglesia de Copacabana, el pueblo que se quedó sin palmeras en la provincia de Córdoba. Fotos: gentileza Mario Tizón

La Iglesia de Copacabana, el pueblo que se quedó sin palmeras en la provincia de Córdoba. Fotos: gentileza Mario Tizón

“Fueron días difíciles en que no sabíamos qué iba a pasar. Veía a gente corriendo de aquí para allá y tuve miedo que pasara lo peor, que se nos quemara todo”, relata. La mujer vive a media cuadra de la escuelita del pueblo que no quedó envuelta en las llamas de milagro. Su casa está a pocos metros de la cabina telefónica donde trabaja. En Copacabana no hay señal de telefonía celular y quienes quieren comunicarse con familiares o para vender su producción no tienen otra alternativa que pedirle a Mónica la comunicación.

Mónica, una artesana de Copacabana, el pueblo que se quedó sin palmeras en la provincia de Córdoba. Fotos: gentileza Mario Tizón

Mónica, una artesana de Copacabana, el pueblo que se quedó sin palmeras en la provincia de Córdoba. Fotos: gentileza Mario Tizón

En esos días, lo vio llegar desesperado al presidente comunal, Ernesto Quinteros, a pedir ayuda a la Provincia para que envíe los aviones hidrantes a frenar el avance de las llamas sobre la zona poblada y las palmeras.

“El fuego duró 12 horribles días hasta que llegó hasta el patio de mi casa”, dice Mónica, entre lágrimas. “No sabíamos qué hacer con los animales, con los chicos, y era terrible ver a los más jóvenes arriesgando su vida para salvar al monte y a las palmera”, agrega.

Copacabana, el pueblo que se quedó sin palmeras en la provincia de Córdoba. Fotos: gentileza Mario Tizón

Copacabana, el pueblo que se quedó sin palmeras en la provincia de Córdoba. Fotos: gentileza Mario Tizón

“Aprendí de mi madre y ella aprendió de sus padres”, relata Mercedes Heredia (48), una vecina y artesana de Copacabana. “Es una cadena ancestral y cuando tejo pienso en que lo que hago es algo que hacían mis abuelos. Me gusta mucho tejer, es toda mi vida y sé que mi madre nos crió y alimentó con las artesanías”, cuenta.

La mayor parte de su producción se embala y viaja hacia la ciudad de Córdoba para su venta.

Mientras Clarín estaba en su casa, un automóvil blanco se detuvo en la puerta y su conductor preguntó si tenía canastos para vender. “Me quedé sin nada, vendí todo ayer”, le dijo la mujer.

Si bien Mercedes tiene un trabajo en la escuela local, la producción de artesanías es de mucha ayuda a la economía familiar. Y el fuego se llevó una gran parte de su materia prima.

Las mujeres de Copacabana hacen trabajos más finos, con las hojas más angostas de la palma. Los hombres se dedican a otro tipo de tejidos que utilizan las hojas más gruesas. El incendio se llevó en particular lo que se corta de la palma para la labor de las mujeres del pueblito.

Maximiliano Cáceres (30) es peón de campo, tiene trabajos eventuales y, como casi todos en la zona, teje.

En el comedor de su casa tiene una bandeja a medio hacer y mientras cuenta su historia en el incendio, sigue tejiendo.

“Estuve todos los días de aquí para allá, ayudando a los bomberos, a la gente. Fue terrible lo que pasó”, afirma. “Fue muy feo lo que pasó, algo terrible”.

En la casa de al lado, Lucía Cáceres vigila a sus dos hijos de 5 y 9 años mientras andan a caballo con la destreza de un viejo gaucho. “Me dedico a la palma y mi marido trabaja en el campo”, cuenta.

Luis , el de 9 años, teje una bandejita arriba de una yegua bastante mansa.

-¿Cómo aprendiste a tejer?¿Te enseñaron tus padres?

– No, aprendí mirando.

-¿Vendés tus artesanías?

-Sí.

-Y ¿qué hacés con la plata que ganás?

-La guardo.

Y ahora…?

La palma crece en distintos puntos de la geografía cordobesa. La semana pasada se inició un incendio en el norte de Ischilín, donde también hay palmeras y también se quemaron.

Desde el Gobierno provincial se están buscando alternativas para proveer de materia prima a los artesanos de Copacabana, quizás trayéndola de otros puntos de la Provincia.

Cuando el fuego se apagó, la preocupación de los vecinos del pueblo se hizo común y apareció la solidaridad. Los que tenían acopiado algo de material empezaron a compartirlo con los que ya se habían quedado sin nada. Y la producción de todos los días, ese trabajo ancestral, continúa.