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viernes, septiembre 24, 2021
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Crimen en Colegiales: un testigo reveló que el sospechoso espiaba a la joven brasileña cuando se duchaba

Luana De Melo (25) murió en marzo de 2020. Primero creyeron que había sido por una patología cardíaca, pero finalmente confirmaron un homicidio.

Cuando Luana visitó Buenos Aires por primera vez, se “enamoró”. Encontró en las calles de la Ciudad el lugar donde quería vivir. No pasó mucho tiempo hasta que puso sus cosas en orden y dejó Goiás, a 250 kilómetros de Brasilia, para migrar a la Argentina. Tres años después fue asesinada en un departamento de Colegiales, en circunstancias que no terminan de esclarecerse. Su familia, desesperada, pide que investiguen al único sospechoso del crimen.

Luana Carneiro De Melo (25) era la mayor de tres hermanos. Hablaba portugués, inglés y sueco. Se instaló en la Argentina decidida a aprender español y a estudiar el traductorado de español en Instituto Lenguas Vivas. Era psicóloga y asesora financiera, por lo que rápidamente empezó a trabajar en una multinacional y decidió quedarse en el país.​

Su familia dice que vivía “pegada” al teléfono. Que no pasaba un día sin que hablara con su mamá, sus hermanos o sus amigos. La recuerdan como sociable, simpática y cariñosa. En Buenos Aires estaba en pareja con un joven con el que había discutido el fin de semana de su muerte, a fines de marzo de 2018.

Luana Cristina Carneiro De Melo trabajaba como analista financiera en una multinacional.

Luana Cristina Carneiro De Melo trabajaba como analista financiera en una multinacional.

Fernanda Soares, su amiga, la acompañó a su casa. “Ella estaba triste porque se había peleado con el novio. A la noche llama su mamá, que no se podía comunicar con ella y Fernanda fue a ver qué había pasado. Como no respondió, llamaron a la Policía. Entraron por una ventana, a través del balcón de una vecina, y estaba muerta, acostada en la cama“, recuerdan en su entorno.

Desde entonces, lo que pasó esa noche es un misterio. Lo cierto es que durante las primeras horas calificaron la muerte como “dudosa” hasta que una médica forense y una junta médica determinaron que Luana murió por la combinación de una asfixia mecánica y una isquemia por una fibrosis cardíaca sin diagnosticar.​

La clave de todo sería su teléfono celular. Luana estaba hiperconectada. Hasta dormía con el celular prendido bajo la almohada. Nunca lo apagaba ni dejaba pasar demasiado tiempo sin responder.

“Dos meses después plantearon la hipótesis de que había una persona involucrada en su muerte porque se encontraron unas marcas en su cuello, eran leves, pero que podían ser violentas. Entonces nosotros, toda la familia, estábamos muy intrigados con eso. La fiscalía siguió la investigación”, cuenta a Clarín Laura Carneiro De Melo (27), la hermana de Luana, que ahora vive en Estados Unidos junto a su marido, Amarildo.

Luana y su mamá en una visita a Buenos Aires meses antes del crimen.

Luana y su mamá en una visita a Buenos Aires meses antes del crimen.

Recién en 2020, y después de varias fojas en un expediente que pasó por distintas líneas de investigación, detectaron que el iPhone 5 de Luana había sido activado con otro chip.

Durante ese tiempo la fiscalía N° 21, a cargo de Carlos Vasser, había investigado a su novio, que estaba en Rosario por el fin de semana largo; a Lorena Olivieri, la dueña del departamento, que había viajado a Misiones siete días después de alquilarle la habitación a Luana; y a un empleado de Lorena, que trabajaba en un altillo del departamento en un precario taller de costura, pero que también había viajado a Bolivia a visitar a su familia.

Luana estaba sola al momento de morir. Nadie había forzado las entradas ni ella tenía marcas defensivas o de pelea. No había ADN de terceros en su cuerpo ni lesiones compatibles con un ataque violento. Tampoco estaba su celular ni su computadora.

Cuando ya se habían agotado los caminos, decidieron revisar el IMEI del teléfono perdido. Comprobaron que había sido activado en junio de 2018 en el domicilio de este empleado que Olivieri había omitido mencionar y que tenía acceso a la casa, a las llaves y al edificio.

Si bien el hombre había estado en Bolivia para la fecha del crimen, su hermano habría sido quien le entregó el celular. “Había sido usado por Amadeo (Uruchi) Condorí, el hermano de Iver (Uruchi) Condorí. Y las evidencias demuestran que ese celular fue apagado entre el momento de la muerte y la llegada de la Policía“, advierte Amarildo Kuhn.

Fue así como ambos fueron imputados en el expediente caratulado como “muerte por causa dudosa, hurto y encubrimiento“. Pero lejos de contar cómo se hicieron de ese teléfono, se negaron a declarar. Desde entonces, el expediente entró en un laberinto del que parece no poder salir.

Luana (25) y su hermana, Laura Carneiro De Melo (27) en una visita a Buenos Aires.

Luana (25) y su hermana, Laura Carneiro De Melo (27) en una visita a Buenos Aires.

“No aceptamos que no nos digan qué pasó con Luana. No queremos que se condene a un inocente, aunque este no parece ser el caso. Pero el expediente tiene 2500 páginas, es extenso, y las evidencias demuestran que él es sospechoso. Necesitamos que nos ayuden, para que se visibilice el caso y que la Justicia responda, para que los acuse por el homicidio y saber qué pasó con Luana”, insisten Lorena y su marido.

Marcos Tosato, el abogado que representa a la familia, explicó a Clarín: “Luana estaba prácticamente durmiendo, decúbito dorsal, no murió porque la ahogaran con una almohada ni tiene marcas defensivas. Pero los médicos dan por probada la asfixia. Los imputados hacen uso de su derecho y se niegan a declarar, pero privan a la familia de la historia ¿Cómo accedieron a ese celular? ¿Dónde está?”.

En la cuadra no hay cámaras de seguridad ni tampoco en las casas vecinas. La garita de seguridad que funcionaba en la esquina estaba vacía y nadie los vio entrar o salir de la casa, por eso lo últimos minutos de Luana siguen siendo un misterio.

“El fiscal pidió a la jueza Vanessa Peluffo, del Juzgado N° 63, que amplíe la declaración indagatoria por homicidio agravado porque ellos sólo están imputados, uno por hurto y el otro por encubrimiento. La jueza rechaza ese pedido y el fiscal apela. La Cámara, en un fallo ajustado, le da la razón a la jueza y regresa el expediente a la fiscalía para ser elevado a juicio por el robo del celular, pero no por el homicidio”, detalla Tosato.

La única posibilidad que le quedaría a la familia para encontrar a los culpables del crimen sería que surjan nuevos testigos o testimonios que ayuden a esclarecer qué pasó en la casa de Superí 2176, en Colegiales.

Un nuevo testigo

La viralización del caso permitió que un nuevo testimonio sea incorporado al expediente: otro joven brasileño que había pasado por la casa de Superí escribió un correo electrónico a la fiscalía. Allí anticipó haber hablado con Luana antes de su muerte y confió que ella le habría hecho referencia al principal sospechoso del crimen. Dijo que este hombre la espiaba mientras se bañaba por una claraboya de la terraza“, confiaron a Clarín.

Ese nuevo elemento permitiría al fiscal volver a apelar y reiterar el pedido de indagatoria por el homicidio, algo que todavía tendrá un largo camino burocrático hasta definirse.

Otra de las alternativas es que en el juicio aparezcan nuevas evidencias que permitan ampliar la acusación y acusar a los sospechosos por el crimen, o al menos que aporten alguna información de cómo accedieron al teléfono y qué pasó la última vez que vieron a Luana.

“Queremos saber la verdad, es todo lo que pedimos”, pide Laura como un ruego. En redes sociales, sus amigas y organizaciones feministas, lanzaron una campaña para pedir justicia a través de la consigna #JusticiaPorLuanaMelo.

Organizan un “tuitazo” para pedir justicia por el crimen de Luana melo

Se trata de una joven asesinada el 30 de marzo de 2018 cuyo crimen permanece impune.


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