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domingo, diciembre 5, 2021
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El meteorito que mató a los dinosaurios, ¿trajo nuevas formas de vida?

A través de cálculos y simulaciones de una supercomputadora, se investiga si ese asteroide no sólo marcó el fin de una era.

El primer arte rupestre. Los albores de la agricultura. Aunque estos son algunos de los momentos más decisivos de los comienzos de la humanidad, nuestra historia de origen más espectacular comienza hace 66 millones de años.

Fue el apocalíptico instante en que una roca procedente del espacio exterior se estrelló contra la Tierra, poniendo fin a la era de los dinosaurios y proporcionándoles con el tiempo un mundo nuevo y generoso a nuestros antepasados mamíferos.

Durante 40 años, los científicos han estudiado la historia de este objeto catastrófico, conocido ahora como asteroide de Chicxulub. Hoy en día, ese meteorito representa algo más que un mal día en la Tierra; por el contrario, se ha convertido en una especie de piedra Rosetta que puede descifrar enigmas más profundos sobre los orígenes de la vida y el futuro de la civilización humana, tanto en nuestro planeta como en otros mundos de la galaxia.

El cráter que dejó el meteorito tiene casi 200 kilómetros cuadrados.

El cráter que dejó el meteorito tiene casi 200 kilómetros cuadrados.

“El impacto de Chicxulub modificó por completo la evolución geológica y biológica del planeta Tierra”, afirma David Kring, geólogo planetario que dirige el Centro de Ciencia y Exploración Lunar de Houston y formó parte del equipo que en 1991 anunció el descubrimiento del cráter de impacto de Chicxulub situado abajo de la península mexicana de Yucatán.

Los científicos han reconstruido líneas de tiempo detalladas de lo que ocurrió en ese día fatídico, y otros investigadores están escribiendo sobre lo que podría llamarse la precuela, buscando los orígenes extraterrestres del evento al que parcialmente debemos nuestra existencia.

“Lo que queremos es responder grandes preguntas y este tipo de trabajos nos permite intentarlo”, sostiene Bill Bottke, coautor de un nuevo estudio y director del departamento de estudios espaciales del Southwest Research Institute (Instituto de Investigación del Sudoeste) de Colorado, Estados Unidos.

Los investigadores están escribiendo sobre lo que podría llamarse la precuela de la caída del meteorito, buscando los orígenes extraterrestres del evento.

La investigación, publicada en la revista Ícaro, forma parte de una corriente constante de ideas sobre el impacto que pueden resultar deslumbrantes por su creatividad, a menudo hasta el punto de la controversia.

Este año, por ejemplo, un equipo de la Universidad de Harvard revivió la posibilidad de que la roca que causó el impacto fuese un cometa, lo que provocó el rechazo de muchos científicos del sector.

De dónde vino

Si bien esta explicación no ha ganado muchos adeptos, demuestra cómo Chicxulub atrae perspectivas prismáticas del mundo de la cosmología, la ciencia computacional, la astrobiología y otros campos.

Bill Bottke afirma que el acceso a una supercomputadora, la Pleiades de la NASA, supuso un “cambio de juego” para su equipo, ya que habilitó a los investigadores a realizar simulaciones de una enorme población de asteroides a lo largo de cientos de millones de años.

La supercomputadora reveló que los asteroides similares a Chicxulub escapan de la zona conocida como cinturón exterior de asteroides con una frecuencia 10 veces mayor que la que indicaban los modelos anteriores. Esto aumenta las probabilidades de que la roca asesina de dinosaurios se haya originado allí.

Sean Gulick, geofísico planetario de la Universidad de Texas en Austin, destaca que el estudio pone de manifiesto los peligros que suponen los asteroides a lo largo del tiempo, incluidos los riesgos a los que se enfrenta nuestra civilización atada al planeta.

Según nuevas investigaciones, el meteorito provino de una zona que se conoce como Cinturón exterior de asteroides.

Según nuevas investigaciones, el meteorito provino de una zona que se conoce como Cinturón exterior de asteroides.

Chicxulub también arroja luz sobre algunas de las cuestiones más sugestivas sobre la aparición de la vida. Al geólogo planetario David Kring le fascina este tema desde hace mucho tiempo y ha contribuido a producir gran cantidad de investigaciones sobre los ecosistemas microbianos surgidos luego del trágico acontecimiento.

“Hay un razonamiento que avala que esta especie de bombardeo está vinculado no sólo con la perturbación de la evolución de la vida, sino realmente, además, con el origen de la vida en nuestro planeta”, observa Kring.

El estudio pone de manifiesto los peligros que suponen los asteroides, incluidos los riesgos a los que se enfrenta nuestra civilización atada al planeta.

Según Gulick, Kring contribuyó a seguir aclarando el papel del impacto como destructor y crisol de vida a la vez. Cuando los investigadores se adentraron en las profundidades de aquel catastrófico evento, encontraron rastros de polvo del aerolito, el remanente arenoso del tsunami que creó y restos fosilizados de los organismos que prosperaron durante las secuelas.

Quizá lo más sorprendente sea que un nuevo estudio haya descripto a los actuales descendientes microbianos de aquellos primeros pobladores del cráter, que viven aún a la sombra de la hecatombe colonizada por sus antepasados.

“Me resulta asombroso que, 66 millones de años después, siga habiendo nuevos ecosistemas en el lugar del impacto”, asegura Gulick. “A mayor escala, tal vez se puedan generar hábitats luego de impactos muy tempranos en la historia de la Tierra. Y quizás, muchos de esos ecosistemas logren sobrevivir. Eso refleja una de las formas en las que se puede lograr que la vida siga su camino.”

En este sentido, la roca que impactó en Chicxulub sigue teniendo implicaciones galácticas como cápsula del tiempo de un desastre biológico y del nacimiento de nueva vida. Otros mundos con vida de la Vía Láctea podrían ser moldeados de forma similar por impactos de asteroides, con sus propias historias de destrucción y recuperación.

“Esto va más allá de la extinción de los dinosaurios”, concluye Kring.

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